Colombia ha tenido los ojos
puestos sobre el Cauca especialmente durante las últimas semanas, debido al
conflicto que se presenta entre los actores armados y algunas de las
comunidades indígenas, cuyo episodio más álgido fue el de Toribio.
Entre la estigmatización de los
medios de comunicación sobre la protesta de las comunidades recogidas en el
CRIC, la militarización de la zona por la fuerza pública y los enfrentamientos
entre la insurgencia y el ejército, surge el problema del multiculturalismo,
aunque a simple vista el debate se haya dirigido desde los medios y el gobierno
hacia la humillación que sufrió el teniente García bajo la ignorancia de lxs “indixs”.
Josép Pico, en Multiculturalismo,
subculturas y contraculturas, presenta aspectos sobre el debate del multiculturalismo
que han tomado fuerza en las últimas décadas, que él considera rompen con la
lógica de la modernidad y nos adentran a una etapa posterior.
El multiculturalismo plantea la cuestión de la construcción de identidad, propia y colectiva, a partir del reconocimiento de la sociedad de ciertos aspectos enmarcados en un conjunto de valores, que caracterizan a una comunidad o grupo de personas específico.
El multiculturalismo plantea la cuestión de la construcción de identidad, propia y colectiva, a partir del reconocimiento de la sociedad de ciertos aspectos enmarcados en un conjunto de valores, que caracterizan a una comunidad o grupo de personas específico.
Para Taylor, el multiculturalismo
permite el reconocimiento de la validez de las diferentes culturas, y las
políticas de reconocimiento permiten la defensa de la diversidad cultural de
las minorías. Sin embargo, esto representa
un desafío para el liberalismo, pues pone en juego el reconocimiento de los
derechos y la libertad individual por un lado (universalismo), y la
construcción de la identidad colectiva por el otro. En una sociedad liberal de tipo
1 los derechos individuales tienen mayor peso sobre los colectivos (el consenso
del que habla Pico), mientras que en un liberalismo de tipo 2 la diversidad
cultural está protegida por políticas institucionales que pretenden la
supervivencia de los grupos minoritarios y su reconocimiento (1).
Pico menciona dos posibilidades
que asumen los Estados para lidiar con la presencia de varias culturas y visiones de mundo dentro del límite de sus
territorios. Los Estados plurinacionales, donde se encuentran minorías
nacionales que exigen y reivindican formas de autogobierno y autonomía
política, administrativa y cultural; y los Estados poliétnicos, que sientan sus
bases en la migración de diferentes grupos étnicos, que exigen el
reconocimiento de su identidad mediante la introducción de un marco jurídico e
institucional que la proteja.
Del mismo modo, menciona al
feminismo como una subcultura que propone un conjunto de valores que representan
una desviación de la cultura dominante, en este caso el patriarcado, o a la
juventud como una contracultura, que postula el rechazo total a la sociedad. Considero
que Pico no es lo suficientemente extenso en ninguno de los dos conceptos, o la
caracterización de sus ejemplos, y que a mi modo de ver, esto no permite una
diferenciación clara entre uno y otro. ¿No sería el feminismo, o al menos
varias de sus corrientes, una apuesta contra la sociedad imperante más que una
desviación de la actual? ¿O acaso una desviación no se hace, precisamente, por
el impulso del rechazo a la sociedad?
Es curioso que este tema se
presente ahora cuando la coyuntura social y política del país se mueve en torno
a la visión del Otro. Admite Pico que, en el caso de los Estados multiétnicos,
existe una cultura dominante que engloba a las demás pero respeta las
particularidades de las diferencias con las culturas minoritarias. Considero
que es el caso colombiano.
Es evidente que hay una minoría
étnica, representada en lxs indígenas y lxs afrodescendientes, y una mayoría
étnica, que no se enmarca dentro de estos dos grupos específicos, pero que se
mueve entre diversas ramas culturales. Sin embargo, la centralización del poder
económico y político del país en la ciudad capital, también conlleva a una
centralización cultural, en donde las ciudades grandes marcan la pauta de
decisión sobre la situación de Colombia.
Se supone que Colombia reconoce la
existencia de las comunidades indígenas y afrodescendientes, en las que se
presentan diferentes etnias y sus correspondientes procesos históricos y
culturales, a partir de la Constitución del 91, en la que se estableció, entre
otros aspectos jurídicos, la consulta previa obligatoria. Esta se refiera a
grandes rasgos, a la obligación del Estado de socializar con estos grupos
étnicos las situaciones que ponen en riesgo o afectan su estabilidad, ya sean
de carácter político, económico o social y a la necesidad de un consenso entre
ambos para la toma de decisiones. Y aunque en la teoría parece una herramienta
válida para la protección de sus derechos, en la práctica es ignorada por los
distintos estamentos institucionales. Solo hay que citar los casos de
diferentes proyectos megamineros o hidroeléctricos.
Del mismo modo, la situación del
Cauca se enmarca en la violación del estado colombiano no solo de la
Constitución, sino de otros marcos jurídicos en los que supuestamente se
recoge:
" 1. El Artículo 30 de la
Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas:
“No se desarrollarán actividades militares en las tierras o territorios de los
pueblos indígenas, a menos que lo justifique una razón de interés público
pertinente o que se haya acordado libremente con los pueblos indígenas
interesados, o que éstos lo hayan solicitado”.
2. La jurisprudencia de la Corte Constitucional acerca de la protección de la propiedad privada – en nuestro caso propiedad privada colectiva– reafirma que el Estado y, en particular, el Gobierno Nacional no puede ni debe incurrir en el establecimiento de bases militares permanentes o transitorias en nuestros territorios sin el consentimiento previo y expreso de las comunidades indígenas e indemnizando plenamente los daños y perjuicios que se causan (Sentencia T-303/97)
3. Como propiedades privadas, los resguardos tienen las mismas prerrogativas de cualquier predio inmueble, en particular los derechos de sus propietarios -en este caso los pueblos indígenas representados por sus autoridades tradicionales- a ser quienes otorguen permisos explícitos a particulares o funcionarios públicos para permanecer, transitar o hacer uso de sus bienes, salvo las servidumbres que ya estén previstas en las normas, caso en el cual se requiere de consulta previa" (2).
2. La jurisprudencia de la Corte Constitucional acerca de la protección de la propiedad privada – en nuestro caso propiedad privada colectiva– reafirma que el Estado y, en particular, el Gobierno Nacional no puede ni debe incurrir en el establecimiento de bases militares permanentes o transitorias en nuestros territorios sin el consentimiento previo y expreso de las comunidades indígenas e indemnizando plenamente los daños y perjuicios que se causan (Sentencia T-303/97)
3. Como propiedades privadas, los resguardos tienen las mismas prerrogativas de cualquier predio inmueble, en particular los derechos de sus propietarios -en este caso los pueblos indígenas representados por sus autoridades tradicionales- a ser quienes otorguen permisos explícitos a particulares o funcionarios públicos para permanecer, transitar o hacer uso de sus bienes, salvo las servidumbres que ya estén previstas en las normas, caso en el cual se requiere de consulta previa" (2).
El problema que atraviesa el
Cauca es una expresión de la gravedad del conflicto histórico, social, político
y armado que vive el país, pero también se enmarca en una cultura del miedo al
Otro que se arraiga desde el periodo del descubrimiento y la conquista. A veces
no parece haber mucha diferencia entre lxs españoles que llamaban salvajes a
lxs indígenas, y lxs twitteros y “patriotas” ofendidos porque lxs "indixs
desadaptadxs" sacaron al ejército nacional, máximos héroes del país, de sus
territorios legítimos. Se les olvida que del mismo modo pidieron a lxs
guerrillerxs, y luego al ESMAD, que desalojaran lo que por ley les pertenece.
Es la facilidad de estar en casa,
lejos de la cruda realidad de los morteros artesanales, los falsos positivos,
los gases lacrimógenos, y la presencia de los diversos actores armados del
conflicto a la vuelta de la esquina, la que parece legitimar para muchxs la
represión, estigmatización y prejuicio vacío, basado en la ilusión mediática,
sobre la situación del Cauca.
El conflicto en el Cauca se
expresa en toda su amplitud, por el carácter cultural de sus raíces. No
entendemos la estrecha relación de lxs indígenas con la tierra, ni la
importancia de conservar sus sistemas autónomos de gobierno, jurisdicción,
decisión y organización, ni la relevancia histórica de sus procesos de
resistencia, ni muchos otros aspectos que los hacen Diferentes a Nosotrxs. Es
esa incapacidad de pensar más allá del propio beneficio y la única e importante
realidad, la propia, la que se vive en las ciudades, “protegidas” por el vasto
pie de fuerza, la que impide a la gran mayoría de colombianxs, ponerse en los
zapatos del otro, y por ende adoptar una decisión crítica.
Lxs indígenas, al igual que las
negritudes, lxs campesinos, lxs jóvenes, las mujeres, y muchos otros
sectores sociales comprometidos con la Paz, no pedimos la creación de una nación
aparte, ni la continuación de la violencia, sino el reconocimiento de nuestros
derechos como sujetos políticos que aportan al desarrollo del país, que tienen
una incidencia cultural, económica, política y social, y que entienden la
importancia del Respeto de lo diferente, no como algo excluyente, sino como la
oportunidad de construir desde la diversidad una Verdadera Democracia, lejos
del circo mediático y electoral que se pretende como tal.
BIBLIOGRAFÍA
PICÓ, J. (1999) Multiculturalismo, subculturas y contraculturas, en Cultura y Modernidad. Seducciones y desengaños de la cultura moderna, Madrid, Alianza Editorial, pp. 239 - 264.
(1) TAYLOR, C. (1993) El Multiculturalismo y la política del reconocmiento, México D.F, FCE.
(2) ACIN y el CRIC al Presidente Juan Manuel Santos, Pronunciamiento de las autoridades indígenas del norte del Cauca organizados en la Cxhab Wala Kiwe, Toribío, Cauca, julio 11 de 2012.



