Hablar de libertad hoy en día resulta complejo
debido a la gran cantidad de conceptos que se tienen sobre el término. Podríamos
pensar en la libertad como un derecho, por ejemplo, de expresión, de creencias,
de elección; libertad como la capacidad para elegir entre innumerables marcas
de productos o servicios que el mercado amablemente pone a nuestra disposición;
libertad como el ideal más alto del hombre, en donde su deseo individual se
verá, por fin, sin restricciones para ejercerse; libertad como la desgraciada
posibilidad de ser responsable de nuestros actos, etc.
Zygmunt
Bauman, reconocido teórico de la modernidad, nos plantea el debate sobre la
emancipación para el hombre moderno en su obra, La Modernidad Líquida. Lxs teóricxs se han movido en el dilema de
la liberación del hombre, sobre dos líneas o acepciones. Por un lado, la
creencia de que las personas no entienden las implicaciones de la liberación, y
por otro, la posición de que las personas no quieren liberarse. Allí entran a
jugar los conceptos de libertad subjetiva y objetiva, que se refieren al sentir
de las personas y a las condiciones reales de su situación.
Eric Fromm,
otro respetado intelectual moderno, asegura que la libertad otorga una responsabilidad
que el hombre moderno no está dispuesto a asumir. Por un lado, genera
indecisión frente a cómo actuar en determinado caso si solo debe guiarse por sí
mismo, y por el otro, lo llena de miedo frente al fracaso, ya que solo él
cargará con la culpa de sus actos y no podrá excusarse de ningún modo.
Bauman
complementa a Fromm con su planteamiento sobre el individualismo, característica
fundamental de la modernidad. Según él, la construcción del sujeto ha pasado
del plano social al individual. Esto quiere decir que el sujeto moderno ya no
se construye principalmente en su relación con lxs otrxs, sino que debe auto-determinarse
constantemente, lo que posibilita que recaiga sobre él toda la responsabilidad
de su realización personal, siempre incompleta. Este paso hacia el
individualismo se expresa también en el desentendimiento del Estado sobre su
responsabilidad histórica de avanzar hacia una sociedad justa para todxs, por
la tarea de guardar en lo posible los derechos humanos y garantizar que sean
respetados en paz, dejando el trabajo de la construcción de justicia a las
clases bajas y medias. De más está decir que ni siquiera el Estado vela
realmente por los derechos humanos, mucho menos se hace responsable de la
violación sistemática que él mismo realiza contra ellos.
Del mismo
modo, la individualización, de la mano con el arraigo del sistema capitalista
en nuestra sociedad, especialmente el elemento de la propiedad privada, ha
generado una interiorización en los hombres y mujeres de la indiferencia, constituida en el
predominio del interés y el deseo propio sobre el bienestar de lxs demás, que
representa la mayor traba para alcanzar la verdadera libertad.
Y es importante
problematizar este concepto. Libertad es, como lo enuncia Bauman, la
posibilidad de actuar según nuestros deseos, sin restricciones o impedimentos.
Sin embargo, esto no representa que una vez alcancemos la libertad, pasemos por
encima de la vida de los demás o que la sociedad se torne caótica. Tal como
lo dice Bauman, el problema de la libertad es fundamentalmente político.
Hablar de una
sociedad libre es considerado una utopía, pero personalmente considero que es
posible. Al ser un problema político, es también un problema social, e
indudablemente económico. Es necesaria una transición paulatina, organizada,
responsable y consciente hacia dicha sociedad, pues dista mucho de la actual
capitalista. Una transformación del sistema en su totalidad, a nivel económico,
político, social y cultural.
¿Las personas
no quieren liberarse? ¿Las personas no entienden lo que es la libertad? ¿La
libertad trae desdichas para la humanidad? Discrepo. Es indudable que hay
quienes están cómodos con sus vidas tal como son. Nos quejamos de la rutina, pero
es más seguro ir todos los días a trabajar por la misma ruta, sentarnos en el
mismo escritorio, pensar lo mismo, comer lo mismo, ver lo mismo, quejarnos de
lo mismo. La mayoría de las personas están conformes con su situación, porque
no conocen otra mejor. Porque no están conscientes de su esclavitud bajo los
medios de comunicación, el trabajo, su pareja, el estado, el dinero, sus posesiones,
sus vicios, etc. No es fácil darse cuenta de este tipo de cosas, pero una vez
se logra, surge la necesidad de querer hacer un cambio. No es un acto de la
noche a la mañana: pasa por la duda, el cuestionamiento sobre la realidad y
nuestra propia vida, la concientización de nuestra situación de opresión y
aletargamiento, la de los demás, y el entendimiento de que conjuntamente,
podemos cambiar las cosas. Como diría Freire, “nadie libera a nadie, nadie se
libera solo. Los hombres y mujeres se liberan en comunión” (1).
La búsqueda
de la libertad, la verdadera libertad, es la búsqueda de la justicia. “La
libertad de cada uno necesariamente asume la libertad de todos, y la libertad
de todos no llegará a ser posible sin la libertad de cada uno... No hay
libertad real sin igualdad, no sólo de derechos sino en la realidad. Libertad
en igualdad, ahí está la justicia”(2).
Agregaría
entonces al concepto de libertad algunas cuestiones. La libertad no concibe
pasar por encima de la dignidad de lxs demás, sino construirla en conjunto. La
libertad no respeta ningún tipo de dominación del hombre por el hombre, ni del
hombre sobre la naturaleza, ni de las instituciones del hombre sobre sí mismo, sino
que construye relaciones horizontales, solidarias, de autogestión, igualitarias,
lejos de la comercialización y la privatización de ellas. La libertad es la
posibilidad de actuar según nuestros deseos, que una vez aprendamos a reconocer
la dignidad lxs otrxs como igual a la propia, no serán otros que los del
bienestar común, porque este se retribuirá en bienestar propio.
¿Es posible
la emancipación? Eso creo. Porque se refleja en los ojos de quien se cuestiona
la realidad de su país, de quien trabaja en conjunto con sus compañerxs para
llevar papa o arroz a la mesa, de quien se toma las calles y exige lo que el
mercado le ha quitado o le quiere quitar, de quien defiende su territorio y
creencia y pide respeto como también lo da, de quien se organiza y trabaja
desde la base por una sociedad diferente, de quien desde variadas opciones
políticas, sectores sociales, ubicaciones geográficas, etc., cree que esta gran
humanidad ha dicho ¡Basta! y ha echado a andar, y que su marcha, de gigantes,
ya no se detendrá hasta conquistar la verdadera independencia (3).
BIBLIOGRAFÍA
BAUMAN, Z. (2002) Emancipación en La Modernidad Líquida, Editorial Fondo de Cultura Económica, México D.F, pp. 21 - 58.
BAUMAN, Z. (2002) Emancipación en La Modernidad Líquida, Editorial Fondo de Cultura Económica, México D.F, pp. 21 - 58.
CITAS
1. FREIRE, P. (1989) La Pedagogía del Oprimido, Ed. América Latina, Bogotá.
1. FREIRE, P. (1989) La Pedagogía del Oprimido, Ed. América Latina, Bogotá.
2. BAKUNIN, M. (2010) El principio del Estado en Dios y el Estado, Ed. Utopía Libertaria, Buenos Aires, pp. 119 - 141
3. GUEVARA, E. (1964) Discurso en la Asamblea General de las Naciones Unidas .


No hay comentarios:
Publicar un comentario