Escuchamos constantemente la
palabra “modernidad”. Algunxs dicen que estamos en la época moderna, otrxs en
la posmoderna. Hay quienes hablan de las ciudades modernas, las familias
modernas, el arte moderno, lxs jóvenes
modernos, etc., etc. Pero, ¿qué es realmente la modernidad? Si es un término
usado para describir tan amplia variedad de cosas, ¿se puede efectivamente delimitar
su definición?.
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| Tiempos modernos, Charlie Chaplin |
Marshall Berman, en Todo lo sólido se desvanece en el aire, intenta dar respuesta a esta y otras preguntas sobre “lo moderno”. Berman distingue entre tres términos para entender el proceso histórico que desarrolla la humanidad actualmente.
La modernización es el conjunto de procesos sociales y económicos que generan
transformaciones en el sistema organizativo, productivo y en las relaciones
sociales, desde hace más o menos cinco siglos. Berman nombra entre las más
importantes el descubrimiento de las ciencias físicas, la industrialización de
la producción, el acelerado crecimiento urbano, los sistemas masivos de
comunicación, la consolidación de los Estados, movimientos sociales diversos alrededor
del mundo y la expansión del mercado capitalista, entre otros.
Estos procesos sin duda,
acarrearon importantes consecuencias para la visión que lxs hombres y
mujeres tenían sobre sí mismxs y sobre el mundo, y la manera en que se
relacionaron entre ellxs y con su realidad. A este sistema de valores y
visiones del sujeto individual y colectivo, que se ven determinadas por la
modernización y se expresan en diversas corrientes artísticas e intelectuales,
se les conoce como modernismo.
La modernidad es entonces, el resultado de la relación dialéctica
entre modernización y modernismo, que llevan al hombre y a la mujer actual a experimentar
un estilo de vida y actitud frente al mundo específica, que se diferencian de
otras épocas históricas de la humanidad. El “vértigo”, como lo llama Berman,
que produce la infinita cantidad de posibilidades que trae el desarrollo y el
avance de la modernización y el modernismo, en contradicción con la alarmante
sensación de soledad, abandono e inseguridad que a la vez incluye esa infinitud
de cosas y experiencias.
Ante el problema del mundo
moderno de la soledad y el desarraigo, hemos escogido aliviar la orfandad apegándonos
a un sin número de objetos, servicios, costumbres y vicios, que permitan nacer
en nosotrxs una mínima parte de la ligadura que soñamos con el mundo, de solidez de la realidad. Algún loco
boxeador marginal nos diría que “tenemos empleos que odiamos para comprar mierda
que no necesitamos”, para luego aclararnos que “solo cuando hemos perdido toda esperanza,
somos realmente libres”. El problema es, como lo diría Fromm, que no queremos
la libertad. Le tememos.
Berman considera que el problema
de la soledad no tiene porque ser realmente un síntoma obligatorio de la
modernidad. Es hora, según él, de retomar los valores de lxs primerxs modernxs.
Aquellxs habitantes del mundo cuando apenas empezaban a percibirse los
primeros cambios hacia la modernidad, lo que él sitúa a finales del S. XV, que
fueron capaces de darse cuenta conscientemente del rumbo de la historia. Es
hora de retomar el control sobre los procesos sociales y económicos que
llevaron a las transformaciones de nuestro mundo y nuestras relaciones, esta
vez de manera más consciente, para contrarrestar las desafortunadas
consecuencias que han traído.
Aunque no es posible entender a
Berman cuando plantea esta especie de “reencuentro con el pasado” en su
totalidad, debido a la brevedad de la introducción, parece una propuesta
interesante. Sin embargo, considero que quizá mirar hacia el modernismo “primitivo”
no sea la mejor opción. Es importante mirar hacia el pasado constantemente,
porque como lo dice Berman, no sólo genera una mayor comprensión de nuestra actualidad,
sino que permite encontrar ciertas respuestas sobre el futuro.
Sin embargo, ¿se puede hablar de la modernidad
sin todas sus contradicciones? ¿Se puede avanzar hacia una modernidad,
modernismo y modernización plenamente humanos, que además de superar el dilema
de la soledad, superen las miles de contradicciones de su base? Es posible,
pero ¿seguiría siendo moderno?
Creo, al igual que Berman, que es
necesario un cambio sobre el modo de relaciones con lxs otrxs y con el mundo,
lo que incluye el sistema político, económico, social, cultural y ecológico. Pero
buscarlo en la modernidad, aún cuando sea la más humana de todas, seguirá
contribuyendo como lo hizo desde sus inicios, al vertiginoso abandono.
Podemos volver al pasado para
aprender de sus y nuestros errores, pero la conciencia del cambio y del origen
de sus causas, que son las mismas que llevaron a nuestra actualidad, nos
permitirá edificar una nueva etapa. Lejos de la clásica, medieval y moderna, no
para negarlas ni olvidarlas, sino para tener presente que fueron necesarias
para la consolidación de una nueva posibilidad, pero que corresponden a visiones
de mundo y relaciones diferentes. Una posibilidad que ofrezca infinitas
opciones también, no de objetos ni de servicios, sino de verdaderas experiencias.
Una infinitud de experiencias que permitan la dignificación de los hombres y
las mujeres, y que nos lleve conscientemente a establecer lazos verdaderos entre
nosotrxs y con el mundo, sin necesidad de refugiarnos en la superficialidad, en
el amor líquido del consumo comercial y personal.
Bibliografía
Bibliografía
BERMAN, M (1989). Introducción. La modernidad: Ayer, hoy y mañana, en Todo lo sólido se desvanece en el aire. La experiencia de la modernidad. Buenos Aires, Siglo XXI.
PALAHNIUK, C (2012). El club de la pelea. Buenos Aires, Debolsillo.


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