"Toda gran transformación de las relaciones de producción se da a través del desarrollo de una nueva cultura, que forma los agentes de la transformación económica y a la vez debe significar una revolución ideológica que antes y después del ascenso al poder debe conformar una nueva sociedad civil"
Gramsci

domingo, 30 de septiembre de 2012

Modernidad, espacio público y política


El paso hacia la modernidad constituyó un cambio histórico para la humanidad, que no solo representó nuevas visiones de mundo, costumbres y experiencias, sino también modificó los conceptos de tiempo y espacio, que a primera vista parece algo simple, pero que en realidad evidencia el cambio profundo en la mentalidad y vida de lxs hombres y mujeres modernxs.

Zygmunt Bauman hace una reflexión al respecto en su obra La Modernidad Líquida (1), recordando que antes de la modernidad, las concepciones de tiempo y espacio eran inseparables e interdependientes. Con la aparición de medios de transporte no-humanos y no-animales, el tiempo se convirtió en una herramienta subordinada a la técnica humana y empezó a medirse respecto a esta.
Sin embargo, aunque la modernidad se caracterizó por separar estos dos conceptos, también dentro de ella se definen según se encuentren dentro del marco de la modernidad pesada o liviana. La pesada, primera etapa de la modernidad, se caracterizó por su obsesión por el gran tamaño y la propiedad de la tierra como elemento dominante (espacio), donde el tiempo contaba en la medida en que se uniformara y coordinara para lograr mayor eficiencia y productividad. 
En la modernidad liviana, que Bauman vaticinaba como la futura y que corresponde a la actual, el espacio y el tiempo pierden su valor y relevancia, quedando relegados por el constante deseo de la inmediatez, impulsado por la necesidad de consumir objetos, servicios y personas todo el tiempo, intentando anular la posibilidad de construir un vínculo con cualquier cosa.

Esto no solo se evidencia en el cambio del tiempo y el espacio, sino de la vida pública. El discurso de la modernidad, impregnado por el sentimiento marcadamente individualista, que lleva a considerar al Otro como una amenaza, ha institucionalizado el miedo hacia lo extranjero y diferente a través del sistema de valores imperante. Es común escuchar en ciertas ocasiones la referencia a “lo civil”, “la civilidad”, “la civilización”, que puede referirse a una especialidad del derecho, a un comportamiento contrario a una manifestación violenta, a un modo de concebir la sociedad…pero Bauman es claro al ratificar la civilidad como “…la capacidad de interactuar con extraños sin atacarlos por eso y sin presionarlos para que dejen de serlo o para que renuncien a algunos de los rasgos que los convierten en extraños”(2). Y aunque es común encontrar varias alusiones sobre esta capacidad, a veces con otros nombres en el discurso moderno, lo cierto es que  para Bauman, en la práctica los espacios civiles modernos fomentan todo menos la posibilidad de interactuar con el Otro.

Bauman reconoce cuatro lugares que aumentan el miedo hacia el Otro e impiden o anulan (o al menos eso pretenden) la interacción con lxs demás. El primero de estos espacios públicos urbanos pero no civiles son las construcciones o monumentos que inspiran respeto y guardan determinado significado histórico, pero desalientan la permanencia. Es decir, se convierten en lugares de tránsito entre lxs extrañxs, pero dan lugar a la posibilidad de una interacción.  El segundo se refiere a los lugares de consumo, espacios que instan a la acción (comprar/vender/consumir/usar) pero no a la interacción, erigidos como los nuevos templos de peregrinación en cada ciudad moderna. Estos lugares se caracterizan por brindar una experiencia “pura”,  segura y libre de todo temor, ya que genera en lxs hombres y mujeres un sentimiento de pertenencia a una comunidad, en la que todxs son iguales y tienen los mismos intereses: comprar y consumir. Un tercer espacio comparte características con el espacio de tránsito, pero los no-lugares se diferencian en que posibilitan la permanencia a un nivel meramente físico, con regulaciones en las normas de comportamiento, como los medios de transporte, los museos, los hoteles, etc. Por último, los espacios vacíos constituyen dentro del mapa mental individual y colectivo los lugares que existen pero que son invisibilizados por dicha persona o colectividad, y que no representan importancia o no tienen valor.

Bauman explica que estos cuatro lugares buscan anular completamente la capacidad de civilidad, porque se basan precisamente en la exclusión del Otro (antropoémia) o la normalización de sus conductas de modo que sea igual a mí (antropofagia). El autor considera entonces lo público como el espacio de interacción con el Otro, que es imposible por la transformación de la esfera pública que ha traído la modernidad.

Para Hanna Arendt, en la modernidad se desdibujó la línea que divide lo público de lo privado (entendidos como representaciones de valores y espacios de desarrollo del sujeto). Lo privado, representado mucho tiempo en la familia y lo público en la polis, se mezclaron cuando la política y la economía se permearon entre ellas (3). Creo que Arendt es bastante acertada, quizá más que Bauman, al definir el espacio público desde el ámbito de lo político. Más que el espacio de interacción con el Otro, Arendt percibe lo público lejos de su arquitectura, función o ubicación. Es el espacio en el que hay participación del sujeto de manera activa, es decir, cuando el sujeto se apropia de ese espacio y construye un discurso, se expresa y toma decisiones. La política se daría en el momento en que a través de esa interacción y el intercambio de discursos (reconociendo al Otro como tal y por sí mismo), lxs hombres y mujeres se organizan para satisfacer sus necesidades. La política eleva la condición animal del hombre más allá de velar solo por su supervivencia, y le permite abarcar dimensiones más amplias para la construcción del bienestar colectivo (4).

La preocupación constante de Bauman por la negación de la interacción con el Otro desde los diferentes espacios públicos, es a mi modo de ver, solo una de las expresiones de la falta más que de civilidad, de conciencia política que la modernidad intenta generalizar. La política concebida como Arendt la plantea, desde la organización de hombres y mujeres para satisfacer sus necesidades y realizarse como individuos y colectividad, lejos del circo que se nos impone como democrático, asociado con los partidos y los votos, élites políticas disputándose el poder como aves de rapiña, los negocios guerreristas y económicos sobre la vida de lxs demás, etc., entre otras prácticas empleadas desde la casa blanca de la “libertad y la democracia” extendidas a todo el mundo, que no solo alejan a las personas de la verdadera política, sino que dificultan la posibilidad de un cambio cuando delegamos nuestra responsabilidad a quien nunca pudo ni podrá representarnos.



BIBLIOGRAFÍA

(1) BAUMAN, Z. (2002) Espacio/tiempo en Modernidad Líquida, FCE, México D.F.
(2) Ibíd., pp. 113
(3) ARENDT, H. (2009) La esfera pública y la privada en La condición humana, Paidos, Buenos Aires.
(4) ARENDT, H. (1997) ¿Qué es la política?, Paidos, Barcelona. 

domingo, 2 de septiembre de 2012

¿Diversidad cultural y desarrollo?


El debate sobre la diversidad cultural tiene diferentes abordajes alrededor del mundo, dependiendo de cómo se entiendan los términos de cultura, diversidad, identidad, política, etc., y las relaciones que se creen en la práctica entre ellos.

La UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura), como organismo adherente a la ONU, presenta unas políticas respecto a los derechos humanos y la diversidad cultural en su declaración universal, que pretenden dar una dirección a los países pertenecientes sobre la protección de la diversidad cultural a nivel nacional e internacional.

Para la UNESCO, la cultura es definida como “el conjunto de los rasgos distintivos espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o a un grupo social y que abarca, además de las artes y las letras, los modos de vida, las maneras de vivir juntos, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias”, que coincide básicamente con la acepción de cultura a nivel general. 

Del mismo modo, concibe la diversidad cultural como un patrimonio de la humanidad que debe ser salvaguardado, pues representa el diálogo e intercambio entre culturas; y caracteriza el pluralismo cultural como la expresión política de la diversidad cultural, esto es, el reconocimiento de la existencia de este fenómeno y la implementación de políticas públicas que propendan por el respeto de la identidad colectiva de las minorías.

Aunque a simple vista los planteamientos de la UNESCO respecto a la diversidad cultural parecen ejemplares y necesarios, me parece importante problematizar algunas de sus propuestas a nivel conceptual.

Al ser una fracción de la ONU, la UNESCO representa unas políticas y discurso específico, que responde muchas veces a una agenda política y económica definida por los países más poderosos del mundo. Esto se evidencia en el discurso sobre el “desarrollo” o estado que deben alcanzar los países tercermundistas para igualar a los que no lo son, y que niega no solo el proceso histórico, cultural, social y económico de cada país, sino que también su responsabilidad sobre las situaciones de pobreza que sufren dichos países.

Este término de desarrollo se refiere a grandes rasgos a la consolidación de una economía e industria competitiva con el mercado mundial y la inversión en investigación tecnológica, que permita superar en lo posible las desigualdades sociales. Sin embargo, esto no contempla un desarrollo integral, referido a un cambio efectivo en la estructura económica y social que lleve a la eliminación de la brecha entre clases, y que propenda por la construcción de una sociedad verdaderamente democrática, con justicia social y en paz estructural.

De allí se desprenden otros conceptos como la economía fundada en el saber, es decir, en el desarrollo de la investigación tecnológica, sin que esto implique que esta investigación contribuye al fortalecimiento de la situación económica, social, política o cultural del país, ni que garantice el acceso de la población a dicha tecnología. Del mismo modo, la UNESCO considera fundamental garantizar el derecho y el acceso de todas las personas a las herramientas artísticas, científicas y tecnológicas, y lograr un nivel de alfabetización digital razonable, aún cuando hay territorios nacionales en los que ni siquiera hace presencia un Estado o hay agua potable, o servicios básicos.

La UNESCO recomienda también proteger el patrimonio lingüístico por medio de los sistemas educativos. El Estado colombiano, a pesar de la gran variedad y riqueza cultural y lingüística presente en las diferentes etnias indígenas que ocupan el territorio, no promueve políticas que protejan en la práctica ni la lengua, ni otros derechos de los pueblos minoritarios.

La ONU puede tener en la teoría objetivos loables para la protección de los derechos humanos y la seguridad internacional, pero considero que tiene dos problemas fundamentales que no permiten que se lleven a cabo sus objetivos efectivamente:  primero, su carácter de organismo global que sin embargo no cuenta con la totalidad de los países del mundo como adherentes, lo que ocasiona una ambivalencia en las políticas y una práctica poco efectiva y segundo, su discurso reformista que no propende por cambios estructurales del sistema que lleven a una justicia, libertad y paz sentada en la igualdad social.


Bibliografía

domingo, 12 de agosto de 2012

Situación de lxs indígenas en el Cauca: Sobre multiculturalismo y democracia


Colombia ha tenido los ojos puestos sobre el Cauca especialmente durante las últimas semanas, debido al conflicto que se presenta entre los actores armados y algunas de las comunidades indígenas, cuyo episodio más álgido fue el de Toribio.  

Entre la estigmatización de los medios de comunicación sobre la protesta de las comunidades recogidas en el CRIC, la militarización de la zona por la fuerza pública y los enfrentamientos entre la insurgencia y el ejército, surge el problema del multiculturalismo, aunque a simple vista el debate se haya dirigido desde los medios y el gobierno hacia la humillación que sufrió el teniente García bajo la ignorancia de lxs “indixs”.

Josép Pico, en Multiculturalismo, subculturas y contraculturas, presenta aspectos sobre el debate del multiculturalismo que han tomado fuerza en las últimas décadas, que él considera rompen con la lógica de la modernidad y nos adentran a una etapa posterior.
El multiculturalismo plantea la cuestión de la construcción de identidad, propia y colectiva,  a partir del reconocimiento de la sociedad de ciertos aspectos enmarcados en un conjunto de valores, que caracterizan a una comunidad o grupo de personas específico.
Para Taylor, el multiculturalismo permite el reconocimiento de la validez de las diferentes culturas, y las políticas de reconocimiento permiten la defensa de la diversidad cultural de las minorías.  Sin embargo, esto representa un desafío para el liberalismo, pues pone en juego el reconocimiento de los derechos y la libertad individual por un lado (universalismo), y la construcción de la identidad colectiva por el otro. En una sociedad liberal de tipo 1 los derechos individuales tienen mayor peso sobre los colectivos (el consenso del que habla Pico), mientras que en un liberalismo de tipo 2 la diversidad cultural está protegida por políticas institucionales que pretenden la supervivencia de los grupos minoritarios y su reconocimiento (1).
Pico menciona dos posibilidades que asumen los Estados para lidiar con la presencia de varias culturas  y visiones de mundo dentro del límite de sus territorios. Los Estados plurinacionales, donde se encuentran minorías nacionales que exigen y reivindican formas de autogobierno y autonomía política, administrativa y cultural; y los Estados poliétnicos, que sientan sus bases en la migración de diferentes grupos étnicos, que exigen el reconocimiento de su identidad mediante la introducción de un marco jurídico e institucional que la proteja.   

Del mismo modo, menciona al feminismo como una subcultura que propone un conjunto de valores que representan una desviación de la cultura dominante, en este caso el patriarcado, o a la juventud como una contracultura, que postula el rechazo total a la sociedad. Considero que Pico no es lo suficientemente extenso en ninguno de los dos conceptos, o la caracterización de sus ejemplos, y que a mi modo de ver, esto no permite una diferenciación clara entre uno y otro. ¿No sería el feminismo, o al menos varias de sus corrientes, una apuesta contra la sociedad imperante más que una desviación de la actual? ¿O acaso una desviación no se hace, precisamente, por el impulso del rechazo a la sociedad?

Es curioso que este tema se presente ahora cuando la coyuntura social y política del país se mueve en torno a la visión del Otro. Admite Pico que, en el caso de los Estados multiétnicos, existe una cultura dominante que engloba a las demás pero respeta las particularidades de las diferencias con las culturas minoritarias. Considero que es el caso colombiano.

Es evidente que hay una minoría étnica, representada en lxs indígenas y lxs afrodescendientes, y una mayoría étnica, que no se enmarca dentro de estos dos grupos específicos, pero que se mueve entre diversas ramas culturales. Sin embargo, la centralización del poder económico y político del país en la ciudad capital, también conlleva a una centralización cultural, en donde las ciudades grandes marcan la pauta de decisión sobre la situación de Colombia.
Se supone que Colombia reconoce la existencia de las comunidades indígenas y afrodescendientes, en las que se presentan diferentes etnias y sus correspondientes procesos históricos y culturales, a partir de la Constitución del 91, en la que se estableció, entre otros aspectos jurídicos, la consulta previa obligatoria. Esta se refiera a grandes rasgos, a la obligación del Estado de socializar con estos grupos étnicos las situaciones que ponen en riesgo o afectan su estabilidad, ya sean de carácter político, económico o social y a la necesidad de un consenso entre ambos para la toma de decisiones. Y aunque en la teoría parece una herramienta válida para la protección de sus derechos, en la práctica es ignorada por los distintos estamentos institucionales. Solo hay que citar los casos de diferentes proyectos megamineros o hidroeléctricos.

Del mismo modo, la situación del Cauca se enmarca en la violación del estado colombiano no solo de la Constitución, sino de otros marcos jurídicos en los que supuestamente se recoge:
" 1. El Artículo 30 de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas: “No se desarrollarán actividades militares en las tierras o territorios de los pueblos indígenas, a menos que lo justifique una razón de interés público pertinente o que se haya acordado libremente con los pueblos indígenas interesados, o que éstos lo hayan solicitado”.
2. La jurisprudencia de la Corte Constitucional acerca de la protección de la propiedad privada – en nuestro caso propiedad privada colectiva– reafirma que el Estado y, en particular, el Gobierno Nacional no puede ni debe incurrir en el establecimiento de bases militares permanentes o transitorias en nuestros territorios sin el consentimiento previo y expreso de las comunidades indígenas e indemnizando plenamente los daños y perjuicios que se causan (Sentencia T-303/97)
3. Como propiedades privadas, los resguardos tienen las mismas prerrogativas de cualquier predio inmueble, en particular los derechos de sus propietarios -en este caso los pueblos indígenas representados por sus autoridades tradicionales- a ser quienes otorguen permisos explícitos a particulares o funcionarios públicos para permanecer, transitar o hacer uso de sus bienes, salvo las servidumbres que ya estén previstas en las normas, caso en el cual se requiere de consulta previa" (2). 

El problema que atraviesa el Cauca es una expresión de la gravedad del conflicto histórico, social, político y armado que vive el país, pero también se enmarca en una cultura del miedo al Otro que se arraiga desde el periodo del descubrimiento y la conquista. A veces no parece haber mucha diferencia entre lxs españoles que llamaban salvajes a lxs indígenas, y lxs twitteros y “patriotas” ofendidos porque lxs "indixs desadaptadxs" sacaron al ejército nacional, máximos héroes del país, de sus territorios legítimos. Se les olvida que del mismo modo pidieron a lxs guerrillerxs, y luego al ESMAD, que desalojaran lo que por ley les pertenece.

Es la facilidad de estar en casa, lejos de la cruda realidad de los morteros artesanales, los falsos positivos, los gases lacrimógenos, y la presencia de los diversos actores armados del conflicto a la vuelta de la esquina, la que parece legitimar para muchxs la represión, estigmatización y prejuicio vacío, basado en la ilusión mediática, sobre la situación del Cauca.

El conflicto en el Cauca se expresa en toda su amplitud, por el carácter cultural de sus raíces. No entendemos la estrecha relación de lxs indígenas con la tierra, ni la importancia de conservar sus sistemas autónomos de gobierno, jurisdicción, decisión y organización, ni la relevancia histórica de sus procesos de resistencia, ni muchos otros aspectos que los hacen Diferentes a Nosotrxs. Es esa incapacidad de pensar más allá del propio beneficio y la única e importante realidad, la propia, la que se vive en las ciudades, “protegidas” por el vasto pie de fuerza, la que impide a la gran mayoría de colombianxs, ponerse en los zapatos del otro, y por ende adoptar una decisión crítica.

Lxs indígenas, al igual que las negritudes, lxs campesinos, lxs jóvenes,  las mujeres, y muchos otros sectores sociales comprometidos con la Paz, no pedimos la creación de una nación aparte, ni la continuación de la violencia, sino el reconocimiento de nuestros derechos como sujetos políticos que aportan al desarrollo del país, que tienen una incidencia cultural, económica, política y social, y que entienden la importancia del Respeto de lo diferente, no como algo excluyente, sino como la oportunidad de construir desde la diversidad una Verdadera Democracia, lejos del circo mediático y electoral que se pretende como tal.


BIBLIOGRAFÍA

PICÓ, J. (1999)  Multiculturalismo, subculturas y contraculturas, en Cultura y Modernidad. Seducciones y desengaños de la cultura moderna, Madrid, Alianza Editorial, pp. 239 - 264. 

(1) TAYLOR, C. (1993) El Multiculturalismo y la política del reconocmiento, México D.F, FCE. 

(2) ACIN y el CRIC al Presidente Juan Manuel Santos, Pronunciamiento de las autoridades indígenas del norte del Cauca organizados en la Cxhab Wala Kiwe, Toribío, Cauca, julio 11 de 2012.

domingo, 5 de agosto de 2012

Emancipación moderna: Libertad e individualismo


Hablar de libertad hoy en día resulta complejo debido a la gran cantidad de conceptos que se tienen sobre el término. Podríamos pensar en la libertad como un derecho, por ejemplo, de expresión, de creencias, de elección; libertad como la capacidad para elegir entre innumerables marcas de productos o servicios que el mercado amablemente pone a nuestra disposición; libertad como el ideal más alto del hombre, en donde su deseo individual se verá, por fin, sin restricciones para ejercerse; libertad como la desgraciada posibilidad de ser responsable de nuestros actos, etc.

Zygmunt Bauman, reconocido teórico de la modernidad, nos plantea el debate sobre la emancipación para el hombre moderno en su obra, La Modernidad Líquida. Lxs teóricxs se han movido en el dilema de la liberación del hombre, sobre dos líneas o acepciones. Por un lado, la creencia de que las personas no entienden las implicaciones de la liberación, y por otro, la posición de que las personas no quieren liberarse. Allí entran a jugar los conceptos de libertad subjetiva y objetiva, que se refieren al sentir de las personas y a las condiciones reales de su situación.   

Eric Fromm, otro respetado intelectual moderno, asegura que la libertad otorga una responsabilidad que el hombre moderno no está dispuesto a asumir. Por un lado, genera indecisión frente a cómo actuar en determinado caso si solo debe guiarse por sí mismo, y por el otro, lo llena de miedo frente al fracaso, ya que solo él cargará con la culpa de sus actos y no podrá excusarse de ningún modo.

Bauman complementa a Fromm con su planteamiento sobre el individualismo, característica fundamental de la modernidad. Según él, la construcción del sujeto ha pasado del plano social al individual. Esto quiere decir que el sujeto moderno ya no se construye principalmente en su relación con lxs otrxs, sino que debe auto-determinarse constantemente, lo que posibilita que recaiga sobre él toda la responsabilidad de su realización personal, siempre incompleta. Este paso hacia el individualismo se expresa también en el desentendimiento del Estado sobre su responsabilidad histórica de avanzar hacia una sociedad justa para todxs, por la tarea de guardar en lo posible los derechos humanos y garantizar que sean respetados en paz, dejando el trabajo de la construcción de justicia a las clases bajas y medias. De más está decir que ni siquiera el Estado vela realmente por los derechos humanos, mucho menos se hace responsable de la violación sistemática que él mismo realiza contra ellos.

Del mismo modo, la individualización, de la mano con el arraigo del sistema capitalista en nuestra sociedad, especialmente el elemento de la propiedad privada, ha generado una interiorización en los hombres y mujeres de la indiferencia, constituida en el predominio del interés y el deseo propio sobre el bienestar de lxs demás, que representa la mayor traba para alcanzar la verdadera libertad.

Y es importante problematizar este concepto. Libertad es, como lo enuncia Bauman, la posibilidad de actuar según nuestros deseos, sin restricciones o impedimentos. Sin embargo, esto no representa que una vez alcancemos la libertad, pasemos por encima de la vida de los demás o que la sociedad se torne caótica. Tal como lo dice Bauman, el problema de la libertad es fundamentalmente político.

Hablar de una sociedad libre es considerado una utopía, pero personalmente considero que es posible. Al ser un problema político, es también un problema social, e indudablemente económico. Es necesaria una transición paulatina, organizada, responsable y consciente hacia dicha sociedad, pues dista mucho de la actual capitalista. Una transformación del sistema en su totalidad, a nivel económico, político, social y cultural.

¿Las personas no quieren liberarse? ¿Las personas no entienden lo que es la libertad? ¿La libertad trae desdichas para la humanidad? Discrepo. Es indudable que hay quienes están cómodos con sus vidas tal como son. Nos quejamos de la rutina, pero es más seguro ir todos los días a trabajar por la misma ruta, sentarnos en el mismo escritorio, pensar lo mismo, comer lo mismo, ver lo mismo, quejarnos de lo mismo. La mayoría de las personas están conformes con su situación, porque no conocen otra mejor. Porque no están conscientes de su esclavitud bajo los medios de comunicación, el trabajo, su pareja, el estado, el dinero, sus posesiones, sus vicios, etc. No es fácil darse cuenta de este tipo de cosas, pero una vez se logra, surge la necesidad de querer hacer un cambio. No es un acto de la noche a la mañana: pasa por la duda, el cuestionamiento sobre la realidad y nuestra propia vida, la concientización de nuestra situación de opresión y aletargamiento, la de los demás, y el entendimiento de que conjuntamente, podemos cambiar las cosas. Como diría Freire, “nadie libera a nadie, nadie se libera solo. Los hombres y mujeres se liberan en comunión” (1).

La búsqueda de la libertad, la verdadera libertad, es la búsqueda de la justicia. “La libertad de cada uno necesariamente asume la libertad de todos, y la libertad de todos no llegará a ser posible sin la libertad de cada uno... No hay libertad real sin igualdad, no sólo de derechos sino en la realidad. Libertad en igualdad, ahí está la justicia”(2).

Agregaría entonces al concepto de libertad algunas cuestiones. La libertad no concibe pasar por encima de la dignidad de lxs demás, sino construirla en conjunto. La libertad no respeta ningún tipo de dominación del hombre por el hombre, ni del hombre sobre la naturaleza, ni de las instituciones del hombre sobre sí mismo, sino que construye relaciones horizontales, solidarias, de autogestión, igualitarias, lejos de la comercialización y la privatización de ellas. La libertad es la posibilidad de actuar según nuestros deseos, que una vez aprendamos a reconocer la dignidad lxs otrxs como igual a la propia, no serán otros que los del bienestar común, porque este se retribuirá en bienestar propio.

¿Es posible la emancipación? Eso creo. Porque se refleja en los ojos de quien se cuestiona la realidad de su país, de quien trabaja en conjunto con sus compañerxs para llevar papa o arroz a la mesa, de quien se toma las calles y exige lo que el mercado le ha quitado o le quiere quitar, de quien defiende su territorio y creencia y pide respeto como también lo da, de quien se organiza y trabaja desde la base por una sociedad diferente, de quien desde variadas opciones políticas, sectores sociales, ubicaciones geográficas, etc., cree que esta gran humanidad ha dicho ¡Basta! y ha echado a andar, y que su marcha, de gigantes, ya no se detendrá hasta conquistar la verdadera independencia (3).


BIBLIOGRAFÍA

BAUMAN, Z. (2002) Emancipación en La Modernidad Líquida, Editorial Fondo de Cultura Económica, México D.F, pp. 21 - 58. 

CITAS

1. FREIRE, P. (1989) La Pedagogía del Oprimido, Ed. América Latina, Bogotá. 
2. BAKUNIN, M. (2010) El principio del Estado en Dios y el Estado, Ed. Utopía Libertaria, Buenos Aires, pp. 119 - 141
3. GUEVARA, E. (1964) Discurso en la Asamblea General de las Naciones Unidas .


martes, 24 de julio de 2012

Modernidad: El vértigo de la soledad


Escuchamos constantemente la palabra “modernidad”. Algunxs dicen que estamos en la época moderna, otrxs en la posmoderna. Hay quienes hablan de las ciudades modernas, las familias modernas,  el arte moderno, lxs jóvenes modernos, etc., etc. Pero, ¿qué es realmente la modernidad? Si es un término usado para describir tan amplia variedad de cosas, ¿se puede efectivamente delimitar su definición?.
Tiempos modernos, Charlie Chaplin

Marshall Berman, en Todo lo sólido se desvanece en el aire, intenta dar respuesta a esta y otras preguntas sobre “lo moderno”.  Berman distingue entre tres términos para entender el proceso histórico que desarrolla la humanidad actualmente.
La modernización es el conjunto de procesos sociales y económicos que generan transformaciones en el sistema organizativo, productivo y en las relaciones sociales, desde hace más o menos cinco siglos. Berman nombra entre las más importantes el descubrimiento de las ciencias físicas, la industrialización de la producción, el acelerado crecimiento urbano, los sistemas masivos de comunicación, la consolidación de los Estados, movimientos sociales diversos alrededor del mundo y la expansión del mercado capitalista, entre otros.
Estos procesos sin duda, acarrearon importantes consecuencias para la visión que lxs hombres y mujeres tenían sobre sí mismxs y sobre el mundo, y la manera en que se relacionaron entre ellxs y con su realidad. A este sistema de valores y visiones del sujeto individual y colectivo, que se ven determinadas por la modernización y se expresan en diversas corrientes artísticas e intelectuales, se les conoce como modernismo.
La modernidad es entonces, el resultado de la relación dialéctica entre modernización y modernismo, que llevan al hombre y a la mujer actual a experimentar un estilo de vida y actitud frente al mundo específica, que se diferencian de otras épocas históricas de la humanidad. El “vértigo”, como lo llama Berman, que produce la infinita cantidad de posibilidades que trae el desarrollo y el avance de la modernización y el modernismo, en contradicción con la alarmante sensación de soledad, abandono e inseguridad que a la vez incluye esa infinitud de cosas y experiencias.

Ante el problema del mundo moderno de la soledad y el desarraigo, hemos escogido aliviar la orfandad apegándonos a un sin número de objetos, servicios, costumbres y vicios, que permitan nacer en nosotrxs una mínima parte de la ligadura que soñamos con el mundo, de solidez de la realidad. Algún loco boxeador marginal nos diría que “tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos”, para luego aclararnos  que “solo cuando hemos perdido toda esperanza, somos realmente libres”. El problema es, como lo diría Fromm, que no queremos la libertad. Le tememos.   

Berman considera que el problema de la soledad no tiene porque ser realmente un síntoma obligatorio de la modernidad. Es hora, según él, de retomar los valores de lxs primerxs modernxs. Aquellxs habitantes del mundo cuando apenas empezaban a percibirse los primeros cambios hacia la modernidad, lo que él sitúa a finales del S. XV, que fueron capaces de darse cuenta conscientemente del rumbo de la historia. Es hora de retomar el control sobre los procesos sociales y económicos que llevaron a las transformaciones de nuestro mundo y nuestras relaciones, esta vez de manera más consciente, para contrarrestar las desafortunadas consecuencias que han traído. 

Aunque no es posible entender a Berman cuando plantea esta especie de “reencuentro con el pasado” en su totalidad, debido a la brevedad de la introducción, parece una propuesta interesante. Sin embargo, considero que quizá mirar hacia el modernismo “primitivo” no sea la mejor opción. Es importante mirar hacia el pasado constantemente, porque como lo dice Berman, no sólo genera una mayor comprensión de nuestra actualidad, sino que permite encontrar ciertas respuestas sobre el futuro.

Sin embargo, ¿se puede hablar de la modernidad sin todas sus contradicciones? ¿Se puede avanzar hacia una modernidad, modernismo y modernización plenamente humanos, que además de superar el dilema de la soledad, superen las miles de contradicciones de su base? Es posible, pero ¿seguiría siendo moderno?

Creo, al igual que Berman, que es necesario un cambio sobre el modo de relaciones con lxs otrxs y con el mundo, lo que incluye el sistema político, económico, social, cultural y ecológico. Pero buscarlo en la modernidad, aún cuando sea la más humana de todas, seguirá contribuyendo como lo hizo desde sus inicios, al vertiginoso abandono.

Podemos volver al pasado para aprender de sus y nuestros errores, pero la conciencia del cambio y del origen de sus causas, que son las mismas que llevaron a nuestra actualidad, nos permitirá edificar una nueva etapa. Lejos de la clásica, medieval y moderna, no para negarlas ni olvidarlas, sino para tener presente que fueron necesarias para la consolidación de una nueva posibilidad, pero que corresponden a visiones de mundo y relaciones diferentes. Una posibilidad que ofrezca infinitas opciones también, no de objetos ni de servicios, sino de verdaderas experiencias. Una infinitud de experiencias que permitan la dignificación de los hombres y las mujeres, y que nos lleve conscientemente a establecer lazos verdaderos entre nosotrxs y con el mundo, sin necesidad de refugiarnos en la superficialidad, en el amor líquido del consumo comercial y personal.


Bibliografía

BERMAN, M (1989). Introducción. La modernidad: Ayer, hoy y mañana, en Todo lo sólido se desvanece en el aire. La experiencia de la modernidad. Buenos Aires, Siglo XXI.

PALAHNIUK, C (2012). El club de la pelea. Buenos Aires, Debolsillo.