"Toda gran transformación de las relaciones de producción se da a través del desarrollo de una nueva cultura, que forma los agentes de la transformación económica y a la vez debe significar una revolución ideológica que antes y después del ascenso al poder debe conformar una nueva sociedad civil"
Gramsci

domingo, 2 de septiembre de 2012

¿Diversidad cultural y desarrollo?


El debate sobre la diversidad cultural tiene diferentes abordajes alrededor del mundo, dependiendo de cómo se entiendan los términos de cultura, diversidad, identidad, política, etc., y las relaciones que se creen en la práctica entre ellos.

La UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura), como organismo adherente a la ONU, presenta unas políticas respecto a los derechos humanos y la diversidad cultural en su declaración universal, que pretenden dar una dirección a los países pertenecientes sobre la protección de la diversidad cultural a nivel nacional e internacional.

Para la UNESCO, la cultura es definida como “el conjunto de los rasgos distintivos espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o a un grupo social y que abarca, además de las artes y las letras, los modos de vida, las maneras de vivir juntos, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias”, que coincide básicamente con la acepción de cultura a nivel general. 

Del mismo modo, concibe la diversidad cultural como un patrimonio de la humanidad que debe ser salvaguardado, pues representa el diálogo e intercambio entre culturas; y caracteriza el pluralismo cultural como la expresión política de la diversidad cultural, esto es, el reconocimiento de la existencia de este fenómeno y la implementación de políticas públicas que propendan por el respeto de la identidad colectiva de las minorías.

Aunque a simple vista los planteamientos de la UNESCO respecto a la diversidad cultural parecen ejemplares y necesarios, me parece importante problematizar algunas de sus propuestas a nivel conceptual.

Al ser una fracción de la ONU, la UNESCO representa unas políticas y discurso específico, que responde muchas veces a una agenda política y económica definida por los países más poderosos del mundo. Esto se evidencia en el discurso sobre el “desarrollo” o estado que deben alcanzar los países tercermundistas para igualar a los que no lo son, y que niega no solo el proceso histórico, cultural, social y económico de cada país, sino que también su responsabilidad sobre las situaciones de pobreza que sufren dichos países.

Este término de desarrollo se refiere a grandes rasgos a la consolidación de una economía e industria competitiva con el mercado mundial y la inversión en investigación tecnológica, que permita superar en lo posible las desigualdades sociales. Sin embargo, esto no contempla un desarrollo integral, referido a un cambio efectivo en la estructura económica y social que lleve a la eliminación de la brecha entre clases, y que propenda por la construcción de una sociedad verdaderamente democrática, con justicia social y en paz estructural.

De allí se desprenden otros conceptos como la economía fundada en el saber, es decir, en el desarrollo de la investigación tecnológica, sin que esto implique que esta investigación contribuye al fortalecimiento de la situación económica, social, política o cultural del país, ni que garantice el acceso de la población a dicha tecnología. Del mismo modo, la UNESCO considera fundamental garantizar el derecho y el acceso de todas las personas a las herramientas artísticas, científicas y tecnológicas, y lograr un nivel de alfabetización digital razonable, aún cuando hay territorios nacionales en los que ni siquiera hace presencia un Estado o hay agua potable, o servicios básicos.

La UNESCO recomienda también proteger el patrimonio lingüístico por medio de los sistemas educativos. El Estado colombiano, a pesar de la gran variedad y riqueza cultural y lingüística presente en las diferentes etnias indígenas que ocupan el territorio, no promueve políticas que protejan en la práctica ni la lengua, ni otros derechos de los pueblos minoritarios.

La ONU puede tener en la teoría objetivos loables para la protección de los derechos humanos y la seguridad internacional, pero considero que tiene dos problemas fundamentales que no permiten que se lleven a cabo sus objetivos efectivamente:  primero, su carácter de organismo global que sin embargo no cuenta con la totalidad de los países del mundo como adherentes, lo que ocasiona una ambivalencia en las políticas y una práctica poco efectiva y segundo, su discurso reformista que no propende por cambios estructurales del sistema que lleven a una justicia, libertad y paz sentada en la igualdad social.


Bibliografía

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